Lo que se nos viene encima
Alcoy JAVIER LLOPIS Algún día, las sierras de estas comarcas del interior serán como las de la costa: un tapiz de chalés unifamiliares en el que apenas sí sobreviven algunos pinos testimoniales. Algún día, tendremos que explicarles a nuestros hijos, que mientras las excavadoras arrasaban los bosques y los ayuntamientos vendían al mejor postor el patrimonio natural de todos, nosotros miramos hacia otro lado, nos limitamos a soltar cuatro frases amargas y no hicimos nada para evitar el desastre. Algún día, la gente alucinará incrédula cuando expliquemos que hubo un tiempo feliz, en el que las personas normales podían hacer excursiones por el monte, sin tener que cruzar las cadenas de prohibido el paso de una urbanización privada. Escribo estas reflexiones todavía conmocionado por la fotografía de la maqueta de Serelles, que estos días se ha expuesto en una feria de Valencia, como uno de los grandes logros del urbanismo alcoyano. Cayendo por las faldas del parque natural de la Sierra de Mariola, una gran lengua de casas y cemento, un Alcoy-Bis con más de 5.000 habitantes, montado sobre criterios de pura rentabilidad económica y sin la más mínima planificación urbanística previa. Al margen del impacto ecológico, visual y social que tendrá este proyecto, hay que subrayar un segundo elemento que acentúa su importancia: esta urbanización es un anticipo gráfico y rotundo de lo que se nos viene encima. Si prosperan los movimientos especulativos que se están produciendo por otras zonas de Mariola -Barxell, Xirillent y un goteo de viejas masías en perpetua compra y venta- Alcoy acabará rodeado por una muralla de pequeñas serelles, un cinturón de ladrillo que dejará irreconocibles (y privatizados) sus paisajes más queridos. Hasta la fecha, no hay ninguna señal que induzca al optimismo. Estos proyectos han generado importantes debates políticos, pero no han desencadenado ni la más mínima movilización social. De seguir las cosas así, queda claro que las piezas de este gran puzzle de destrucción del entorno irán encajando una tras otra, hasta que sea demasiado tarde para dar marcha atrás.





